
A raíz de un comentario de lady sisiak en la entrada anterior haciendo referencia al punto energético que se halla en la ermita de San Bartolo, os comentaré que esta ermita se encuentra a 17 km. del Burgo de Osma, enclavada dentro de un paraje singular, en el cañón del río Lobos.
Es conveniente pasear por la zona y levantar la vista, seguro que veremos a esos majestuosos buitres leonados dándonos la bienvenida, estaremos acompañados tanto a derecha como a izquierda por pinos, sabinas y robles, y al fondo del cañón, que fue declarado Parque natural en 1985, nos sorprenderán unas curiosas grutas que junto con otras que hay por la zona son el plato más apetecido de los espeleólogos.
La ermita que combina el románico y el gótico, según los entendidos fue construída allá por el S XIII en honor a San Bartolo, santo honrado por la orden del temple, ni que decir tiene que este enclave templario está rodeado de algo que lo convierte en singular. Se encuentra en el punto equidistante, medido en metros entre los límites más externos al este y al oeste de la Península Ibérica como son el cabo de Creus y el de Finisterre.
El día 24 de Agosto se celebra una romería en el lugar, allí acudí ya hace bastantes años por no tener otra cosa que hacer, curiosamente se saca en procesión a la Virgen de la Salud, que también se encuentra en la misma ermita, a la izquierda del altar mayor. Cual fue mi sorpresa al ver como casi todos los asistentes a la romería, unos descalzos y otros calzados se colocaban sobre una piedra, una losa más desgastada que las demás, de espaldas al rosetón que la ilumina y mirando a la Virgen, por no ser menos allí me coloqué después de aguantar una fila interminable y… ahora que os lo estoy contando se me está poniendo la piel de gallina, es difícil de relatar la experiencia, un cosquilleo recorrió toda mi espalda, los hombros tomaron vida por sí mismos y no veáis como se relajaron, me asistió una calma, una quietud, una tranquilidad interior, que me hizo permanecer allí unos minutos. Repetí la experiencia un par de veces más con el mismo resultado. Conté mis sensaciones a las personas que me acompañaban e intentaron repetir la vivencia, pero sin éxito, no llegaron a sentir nada especial.
Desde aquel año no falto a mi sesión , por lo menos anual, de esta carga positiva, de ese bienestar, de ese relax, de ese estado de quietud, de ese no sé qué que incluso actúa posteriormente en mí, sólo con pensarlo.