
Estamos en una sociedad en la que las contradiciones están a la orden del día. Afortunadamente se han incrementado muchísimo las inversiones que hacen las empresas para prevenir los riesgos laborales, a pesar de ello es muy difícil que no se produzcan bajas.
Paradójicamente, cuál es mi asombro al ver cada mañana el encierro de San Fermín de Pamplona-costumbre que adquirí cuando mis hijos eran pequeños-cómo hay cientos de los llamados corredores que se juegan la vida cada día delante de unos cuernos descomunales.
A día de hoy solamente ha habido lo típico, magulladuras, golpes, algún que otro pitonazo, pero ningún muerto, ojalá siga así la cosa.
Esta mañana para más inri han conectado con el hospital antes del espectáculo para ver como los profesionales se estaban preparando para atender los que serían sus víctimas a los pocos minutos.
Nuestras autoridades parece que permiten a veces lo que en otros momentos prohíben. Aquí todo está permitido, hasta que por el recorrido haya pululando gente que no ha visto un toro ni por la tele.
Y lo peor, como pasa por las fiestas de Soria , que encima de meterte donde no te llaman, si recibes una cornadita, todavía denuncias al Ayuntamiento capitalino para sacar unas perrillas por tu incosciencia.
Vivir para ver.
Como dicen por Nódalo, mi pueblo, el que no quiera polvo que no vaya a la era.