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Añoro tiempos pasados donde quedaba algo a la improvisación, al qué pasará ahora, al con que me encontraré.
Todo ha avanzado a un ritmo espectacular. No hace demasiados años, cuando esperabas una criatura, se vivía con la incertidumbre de si sería niño o niña, hasta que no le veías las orejas, no sabías si le tenías que poner los patucos rosas o azules, ahora, incluso puedes elegir el sexo y la cantidad antes de concevirlo. Qué aburrimiento.
Con la climatología pasa algo parecido, con tanto satélite ya casi no se equivocan con las previsiones, y por eso, este fin de semana que queríamos hacer una buena barbacoa y calçots, pues nada, a suspenderla, con lo bonito que hubiera sido empezar la faena con sol y acabarla con paraguas. Recuerdo, incluso mucho antes que Mariano Medina fuera el rey de los partes, como mi padre y otros hombres de mi pueblo predecían casi sin error el tiempo que haría al día siguiente, sólo observando el cielo y las puestas de sol. Dependiendo de si había marañas o no, se sabía si el día siguiente sería un buen día de trilla, o mirando la luna si había que proteger a los tomates del huerto de la helada que caería. Lógicamente existía el margen de error y ahí estaba la gracia. Hoy todo eso se ha roto. Qué aburrimiento.
Y no te cuento si hablamos de la programación de televisión. Era una aventura el colocarte cada noche delante de ella. Recuerdo que la primera que compraron en casa era una Fercu, en blanco y negro, para más señas. Sólo se sabía el día que ponían Estudio 1, que tanto le gustaba a mi madre. Cenando te encontrabas con sorpresas y eso que sólo había dos cadenas. Hoy con tantas, ya se sabe que nos podemos ir a la cama a las diez o tragarnos los donde estas corazón, los supervivientes de turno o lo que es peor todavía, los grandes hermanos o la noria. Soy consciente también de que si proliferan es por que tienen audiencia. A ver si alguna noche alguna cadena contraprograma y nos sorprende con una buena peli, de lo contrario, cuando miras la penúltima página del periódico de turno, ya sabes que te espera otra noche aciaga. Qué aburrimiento.
Por cierto son casi las diez de la mañana de este sábado de Abril, he mirado por la ventana y está lloviendo. Qué aburrimiento.

