
Según me ha comentado el gran espejo del comedor de mi casa, recientemente se ha celebrado una gran reunión en Atenas, con la presencia de todos los espejos del mundo, que aunque no os hayáis dado cuenta han estado unos días fuera de vuestras casas.
Ha venido cansado de tanto ajetreo, pero enriquecido por el encuentro. Allá, todos han mostrado sus experiencias y sus vivencias. Han comentado ese día a día cansino, mudo e impertérrito.
Los había de diferentes tamaños y formas, desde aquellos que ocupan unas paredes de medidas descomunales a otros, los pobres, que están siempre revueltos entre los cachivaches, allá, en lo más recóndito de ese bolso desordenado de cada mujer.
El espejo del Vaticano todavía no daba crédito a la imagen del Papa rezando y rezando ante él, pidiendo por los damnificados por el reciente seismo de Haití. Rezaba y rezaba, pero no hacía otra cosa. Mientras la gente en Puerto Principe se mataba por una botellita de agua.
Otros, los espejos de los Presidentes de los diferentes gobiernos del mundo alucinaban viendo como se acicalaban delante de ellos, unos, ajustándose bien sus corbatas, otras, embadurnándose con sus mejores potingues, eso sí, con muchas prisas porque se les escapaba ese avión que les conducirá a hacerse esa foto de rigor en ese país, donde prefieren un corrusco de pan antes que un mencionado avión abarrotado con todos ellos.
Los de los remposambles políticos sorianos estaban más contentos que de costumbre con la reciente inaguración de esos kilómetros de autovía entre Soria y Almazán, aunque a los pocos días ya haya habido problemas con el firme, la verdad es que se conforman con poco.
El de Belén Esteban todavía no ha vuelto en sí, se encuentra mal, asustado ante el cambio experimentado por la susodicha.
Como el de Belén, son muchos los que están en tratamiento psicológico porque todavía no asimilan los cambios que se han producido en aquellos y aquellas que diariamente se están observando en ellos.
Por cierto se ha recriminado la actitud de muchos de ellos que lo único que hacen es dar la razón a aquellas que se miran en ellos, las contemplan, las observan y siempre les dicen lo bonitas y lo delgadas que están, una vez que ya han apagado la luz, cuando ya no pueden oírles esgrimen una sonrisa. Prefieren eso a verse hechos añicos.
Ah, otro día te contaré lo que me han comentado que dijo el muy hipócrita del espejo del lavabo de tu casa.