
Ya viene bien de vez en cuando romper con el tedio diario, y disponer de cuatro días para cambiar los aires catalanes por los sorianos. Y nada mejor que darse uno un paseo por el monte de Valonsadero, un viernes laborable, que todavía hace que el paraje sea más llamativo por la poca gente con la que me encuentro.

Valonsadero es un monte público que se encuentra a tan solo 7 km de Soria capital, se puede ir hasta caminando en poco más de una hora. Son casi 2800 hectáreas, con innumerables vegas y praderas por las que pacen tranquilas vacas acompañadas por sus ternerillos.

Destaca desde cualquier punto cardinal el Pico Frentes.

Me llaman la atención unas cigüeñas que con sus largas patazas se mueven lentamente buscando y rebuscanndo entre la hierba, el color verde lo impregna todo, sólo algunas diminutas margaritas y otras florecillas amarillas rompen con ese magnífico color. Los grillos no paran de cantar, al notar que te aproximas enmudecen para continuar con su letanía cansina.

Un poco más allá me encuentro con un hombre solitario que parece que está buscando algo, al cruzarnos me explica que es tiempo de champiñón, lo que pasa es que este año viene muy tardío con tanta agua. Me entretengo a ver si encuentro alguno y entre fotillo y fotillo me hago con unos cuantos.

A lo lejos diviso un buitre sobrevolando las cercanías del Hotel, ubicado encima de una curiosa roca, lo sigo con la vista y veo que se posa un poco más allá. Después de caminar casi un kilómetro, me acerco sigilosamente y me permito realizarle esta foto, todo un lujo.

Un poco más abajo me topo con los corrales, hoy su quietud llama la atención, pensando en el trote que les espera, primero con el desencajonamiento de los novillos, después con el Lavalenguas y la Compra festejos que están a la vuelta de la esquina y que preludian ese día mágico de las Fiestas de San Juan como es el día de la Saca, día en que los novillos salen de estos corrales con la intención de llegar a la plaza de toros de la capital.

Ahora me doy de bruces con unos legendarios robles que me muestran unas ramas ya ajadas y cansadas, algunas ya no han podido resistir más y han dado con su alma en el suelo. Me llama la atención la nieve que todavía queda en la sierra de Cebollera, bonita estampa. El cielo es azul, un azul muy vivo, las nubes por lo que observo hoy se han declarado en huelga, ojalá que la mantengan unas semanas más.
Otro día os hablaré de esas pinturas rupestres que en 1951 descubrió Teógenes Izquierdo.
