
Huelga. Impuestos. Reforma laboral. Recortes. Cabreo general. Desigualdad. Despido. Contratos basura. Juventud perdida. Demolición. Desengaño. Protestas. Choriceo. Carencias. Manifestación. Despilfarro. Temporalidad. Paro. Transparencia. Lucha. Precariedad. Preocupación. Indigencia. Sueldos congelados. Desprotección...
Son algunas de las palabras o expresiones que todos estamos oyendo. Nos acompañan sin descanso y cual monstruos del más allá hacen que el pesimismo nos invada.
Me tomo un café con sacarina. Estoy haciendo dieta y tengo mal genio. Trato de evadirme sin conseguirlo. En la terraza no hay mucha gente. En la mesa de al lado, dos hombres trajeados. Sin proponérmelo agudizo el sentido del oído y escucho: “Sabes, a mí me dan ahora mismo diez trabajadores gratis, que no les tuviera ni que pagar, y ni los quiero”. Apuro el café, me quemo la lengua, pago y me voy.
Ojalá el resfriado me hubiera producido otitis acompañada de una pasajera sordera.
