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sábado, 13 de junio de 2009

Convivir


Convivir con los demás es difícil. En el trabajo, en la pareja, en la familia, siempre que tengamos que compartir espacios físicos, sentimientos, emociones, faenas, tareas, responsabilidades, hemos de saber en todo momento cuál es el rol que desempeñamos. A veces el egoísmo hace que se rompa esa relación que tanto ha tardado en fluctuar. Otras son los celos, la comodidad, el orgullo, la inmodestia, el engreimiento, el no saber estar, o el no saber respetar.

Dicen, que a nivel familiar el 90% de los problemas se generan por la noche y en la cocina.

Y estoy completamente de acuerdo. En mi casa y con mis hijos acaece una noche sí y otra también. A la hora de cenar, parece que estén en un restaurante donde todo se lo den hecho, donde todo se lo ponen a la mesa. Eso de preocuparse por comprar lo que se necesite y de cocinarlo, no va con ellos. Cuando están solos, no comen pan por no ir a comprarlo. A veces ya genera contrariedades el levantarse a buscar una botella de agua. El transcurso de la cena suele acontecer sin pena ni gloria si no se tocan determinados temas en la conversación. Pero, amigo, cuando llega el momento de recoger el “gamellón”, no veáis la que se monta. Que si yo quité la mesa ayer, que si yo el lunes… Y ya no os cuento a la hora de meter los cacharros en el fregaplatos, fijaos que no he dicho la palabra fregar. Entonces ya ni os cuento. Y como siempre para no crear más conflictos, a ¿qué no sabéis quién lo tiene que hacer?

Aclaro que mis dos hijos hace tiempo ya que se afeitan.
Quiero pensar que estos problemas no suceden cuando sólo se tiene uno o ninguno.
Otro día os comentaré lo del orden y la limpieza.