
Y la vida sigue... Afortunadamente. Después del hoy viene el mañana. Vendrán esos atardeceres luminosos que nos dejan boquiabiertos. Me imagino que los amaneceres serán incluso más bonitos, pero hace mucho que no madrugo tanto. Mi padre sí que sabe de eso, y de escuchar los primeros trinos de lo pajarillos que se despiertan con los primeras luces, los jodidos todavía madrugan más que él.
Y como no, vendrán esos ratillos al lado de la lumbre, viendo las ascuas chisporrotear, jugando con las mostindas de ceniza al lado de esas trébedes que han sujetado miles de veces ese puchero descascarillado, ver esas llamas que consumen esa madera de carrasco que ahora sí, ahora no, alcanzan diferentes alturas, como queriéndonos hipnotizar. Me encanta mirar la lumbre jugando con las tenazas entre los dedos. Me gusta sentir su calor, sobretodo esos días fríos de invierno y dejarme envolver por ese humillo que a veces se hace en la cocina...
Hay muchas y pequeñas cosas por las que merece la pena seguir adelante.
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domingo, 17 de febrero de 2008
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Publicado por
Javier
en
domingo, febrero 17, 2008
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Etiquetas: mañana, pequeñas ilusiones
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