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lunes, 13 de octubre de 2008

Rutina


No hace muchos días estaba tumbado tripa arriba en Garray, al lado del Duero, desde allí se veían las ruinas de Numancia. Sus aguas eran de un color verdoso y mansamente se deslizaban río abajo para juntarse con el Tera. De pronto una culebrilla se desplazaba sobre el agua. Parecía que ni la tocaba. Una araña trepaba por mi pantalón vaquero, pero no le hacía ni caso. Miraba al cielo. Por entre las ramas de los álamos destacaba un azul clarito difícil de llevar a un lienzo. Rompían esa visión unas nubecillas blancas dándole tonalidades diferentes. La brisa me hacía sentirme muy a gusto. A veces dormitaba. De vez en cuando pensaba en algo, no sé qué, volvía a abrir los ojos y me dejaba llevar. No me molestaban los mosquitos, por esta zona a veces se suelen ver los que llamamos pínfanos, cuando te pican te hacen un buen habón, pero no llegan a la categoría de los mosquitos tigre que hay por Barcelona, en mi trabajo hay varias personas que las pobres están ya más que hartas de tanto arrascarse sus picaduras, a simple vista hasta son graciosos, los jodidos, con esas rayitas blancas y negras, pero cuando te sobrevuelan por segunda vez, todos a las trincheras.

Es una pena que todo sea ya un recuerdo, y más este año, con ese currelo diario que a veces llega a abrumarme. Parece que fue ayer, pero ya es todo un recuerdo, esos días ya se han escapao, fueron menguando y menguando hasta que desaparecieron.
Prometí entonces que cuando la monotonía diaria comenzara a aplastarme interaría revivir esos momentos, esos colores, esos lugares de mi tierra, esos pesados grillos que cada día al atardecer invadían con sus sonidos todo el entorno, intentaría revivir ese verano, esas vacaciones....

Afortunadamente ya ha pasado Septiembre, que como ya os he contado en alguna ocasión me produce un bajón en mis biorritmos hasta dejarlos casi al límite, y nada, día a día a seguir mirando para adelante, aunque la rutina sea mala cosejera.