Desde la ventana llamaba la atención esa cortinilla blanca que caía pausadamente. Hacía más de un año que la nieve y yo no habíamos coincidido.
Una vez en la calle los copillos primero y los copazos después empezaban a cubrir el suelo. Todo se había convertido en un felpudo blanco. Se notaban quienes viven habitualmente en Soria y quienes estamos pasando unos días, ellos con los paragüas, nosotros erguidos y con el pecho lata, desafiando y disfrutando del momento. Me he dejado nevar, esos algodones blancos se descolgaban poco a poco, muy lentamente, y se iban a posar por todos los sitios. Hasta uno tuvo el atrevimiento de hacerlo en mi nariz. Le he dejado disfrutar. En el pelo no se me notaban, siempre lo llevo nevado. La dehesa estaba preciosa. Después ha regalado y hasta el sol ha tenido la osadía de aparecer.
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miércoles, 2 de enero de 2008
NEVANDO
Publicado por
Javier
en
miércoles, enero 02, 2008
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Etiquetas: soria nevada
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