viernes, 4 de mayo de 2007
miércoles, 7 de febrero de 2007
La voz de la experiencia
Mi padre no entiende nada ni de la capa de ozono, ni del efecto invernadero ni del calentamiento global ni de las emisiones de CO2 a la atmósfera, pero si se ha dado cuenta de que el mundo está esvuelto, como dice también mi suegra, cada uno desde puntos de vista diferentes.
Mi padre se refiere al cambio que se está dando hoy en la climatología, en el frío a destiempo, en las nevadas que cambiadas de hora ya no lo son tanto, y ojo, que como decía aquél, la nieve ha de venir que no se la come el lobo; en los propios árboles y vegetación, con hojas cuando deberían de estar mochos, con flor cuando deberían desarrollar la mínima función vital, también se refiere a esa fuente que ya no echa el agua que debería de echar y a ese lavadero siempre vacío y sin taramocos, no entiende el porqué, pero se da cuenta de las consecuencias.
Lo de mi suegra es totalmente diferente, ella no se refiere a los aspectos antes mencionados sino a los cambios que se han producido dentro de la unidad familiar, ahora ya no hay cariño como antes -comenta-y cada casa parece la casa de Orate. Cada uno vamos a lo nuestro, a trabajar cada día más para tener más cosas, a veces por el mero hecho, no de disfrutarlas sino de presumir que las tenemos, olvidándonos de todo lo que hemos visto en nuestros mayores, más amor, ayuda, sacrificio y menos prepotencia , individualismo y rencillas, que al fin y al cabo, son cuatro días.
Tanto uno como otro, viejos sabios, deberían de hacernos pensar un poco en ese mundo físico y afectivo que les vamos a dejar a nuestros hijos, que a la postre serán los beneficiados o perjudicados en un futuro más o menos próximo.
Publicado por
Javier
en
miércoles, febrero 07, 2007
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Etiquetas: experincia, familia, pasado, vida

