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sábado, 20 de septiembre de 2008

Martes con mi viejo profesor



Son muy pocos los libros que una vez leídos vuelves de nuevo a releerlos. Éste ha sido uno de ellos.
Cayó en mis manos por casualidad, su formato de libro de bolsillo, con poco más de doscientas páginas, no invitaba demasiado a la lectura, pero nada más abrirlo ya sabía que poco a poco me estaba enganchando y que me lo acabaría en un plis-plas.
Nos relata los encuentros entre un periodista, cansado ya de su profesión, y un antiguo profesor, aquejado de una enfermedad degenerativa que poco a poco le va consumiendo la vida y va haciendo que sea día a día un poco más dependiente de los demás.
Cada martes es un día especial, cada martes el periodista Mitch, recorre más de mil kilómetros para estar con su maestro, Morrie, para notar su presencia, para escucharle, para aprender de su experiencia y para disfrutar de su presencia.
Van tocando determinados temas que a priori son aquellos con los que estamos más familiarizados y aquellos de los que nos sentimos atraídos en cada momento.

Hablan del amor:

El amor es cuando te preocupas tanto de la situación de otra persona como de la tuya propia.

Lo más importante de la vida es aprender a dar amor y a dejarlo entrar.

Sin amor somos pájaros con las alas cortadas.

Abrazan las cosas materiales y esperan que éstas les devuelvan el abrazo.


De la familia:

Si no tienes el apoyo, el amor, el cariño y la dedicación que te ofrece tu familia, no tienes gran cosa.

De la vejez:

Es imposible que los viejos no envidiemos a los jóvenes. Pero la cuestión es aceptar quien eres y gozar de ello.

Tenemos miedo a la vejez, toda esa importancia que se le da a la vejez, no me la trago. Sé lo triste que es ser joven. Tienen penalidades, luchas, sentimientos de ineptitud, sensación de que la vida es desgraciada. Los jóvenes no son sabios, tienen un entendimiento muy limitado.

Si te quedaras con 22 años, serías tan ignorante como cuando tenías 22.

El que dice que le hubiera gustado volver a ser joven, en conclusión, vidas insatisfechas que no han encontrado sentido, porque si has encontrado sentido en tu vida, no quieres volver atrás, quieres ver más, hacer más.


Me encanta ser un viejo sabio cuando es adecuado ser un viejo sabio, pienso todo lo que puedo ser y tengo todos las edades, hasta la mía ¿lo entiendes?.

Del dinero:

Para nuestra sociedad: poseer cosas es bueno, poseer dinero es bueno, más bienes es bueno, comercialismo es bueno, más es bueno. Lo repetimos una y otra vez, hasta que nadie se molesta siquiera en pensar lo contrario.

No necesitas el último coche deportivo, no necesitas la casa más grande, ofrecer a los demás lo que puedes dar, no me refiero al dinero, me refiero al tiempo que aportas a los demás. Dedícate a amar a los demás, a la comunicación, dedícate a crear algo que te aporte algún sentido.

Las cosas a las que dedicas tanto tiempo, todo ese trabajo que hacer, podrían parecerte menos importantes. Podrías tener que hacer sitio a cosas más espirituales

Depositamos nuestros valores en cosas equivocadas, eso nos conduce a vidas desilusionados.


Del matrimonio:

Matrimonio, trabajo en equipo, sólo necesitan una mirada callada para comprender lo que pensaba el otro. No hay regla fija que pueda determinar el matrimonio.

No saben lo que quieren de un compañero. No saben quienes son ellos mismos, y así ¿cómo van a saber con quien se casan?.


Del perdón:

Perdónate a ti mismo y perdona a los demás.

De los hijos:

Si quieres tener experiencia de ser completamente responsable de otro ser humano y aprender a amar y establecer lazos de la manera más profunda, debes tener hijos.

No interrumpáis vuestras vidas, esta enfermedad nos habría estropeado la vida a los tres en vez de a uno.


De la muerte:

Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir. Enfrentarte a la muerte lo cambia todo, te quitas de encima todas las tonterías y te centras en lo esencial. Si aceptas que puedes morirte en cualquier momento entonces no serías tan ambicioso como eres.

Esta cultura no te anima a pensar en ciertos temas hasta que estas a punto de morirte estamos absortos en temas egocéntricos, nuestra profesión, familia, dinero, hipotecas...Estamos muy ocupados con muchos actos pequeños que sólo sirven para salir adelante.


Todo el mundo sabe que se va a morir pero nadie se lo cree, si nos lo creyéramos haríamos las cosas de otra manera.

Nos muestra con muy pocas palabras todo aquello que nos hace no ser nosotros mismos. Con su lectura se nos llega incluso a abrir el corazón y a pensar en sentimientos que los avatares diarios se encargan de dejarlos en lo más profundo de nuestro recuerdo. Nos enseña a vivir y también a sabernos enfrentar a la muerte, que no es poco.

viernes, 20 de junio de 2008

Padre


Tengo un padre que no me lo merezco. Siempre ha sido un ejemplo a seguir. A veces le ha perdido su genio, pero algo ha de tener. Él siempre ha sido una persona responsable. Cuando trabajaba era, lo mismo que yo, el primero que llegaba al curro. No escatimaba minutos al sueño. Nunca le he oído criticar al jefe, y eso que motivos no le faltaban. Era feliz trabajando. Ahora ya jubilado es una persana activa. Le gusta madrugar, se levanta como las gallinas. Siempre está haciendo algo. Cuando no está podando las chaparras allá por la Sima, está sembrando judías verdes en la huerta. Me preocupa. Pronto no podrá ser tan activo. Los años, los meses y los días se irán adueñando de sus carcañales, y cada vez le costará más trabajo llegar a Vegafría. Padre, sé consciente del presente, si puedes no añores el pasado y trata de vivir el futuro. Continúas siendo el espejo donde, aunque tú no lo sepas, cada día procuro mirarme, aunque de soslayo, para no darme cuenta de que cada vez tengo más arrugas y canas, ni te cuento.
Ah, y no te olvides de esa gran persona que siempre has tenido a tu lado.

viernes, 9 de mayo de 2008

Yayos


Todos llegaremos a viejos y si no, malo. En algún momento seguro que necesitaremos algún tipo de ayuda.
De mis cuatro abuelos sólo tuve la suerte de conocer a dos, ambos por parte de mi madre. Ninguno tuvo la necesidad de tener que ir a una residencia de ancianos. Mi abuela que cuando murió valía ya muy poquito, como diría mi madre, no lo necesitó. Mi abuelo sí que precisó la ayuda que le ofrecieron sus hijos, unos más que otros. Fueron capaces de compaginar sus faenas con su cuidado y dedicación. Mi madre que trabajaba también fuera de casa tuvo la gran suerte de poder atenderlo.
Hoy todo ha cambiado. Vivimos más deprisa. En su momento dimos y seguimos dando prioridad a determinadas formas de vida que sin darnos cuenta nos va esclavizando cada día más. Permanecemos muchas horas fuera de casa a veces por ganar un poquito más de dinero que luego gastamos en aquello de lo que podríamos prescindir. Y cuando llegue el momento de tener que prestar esa ayuda que tanto necesitarán nos encontraremos sin demasiadas posibilidades de podérsela ofrecer, por lo que nada más nos quedará el recurso de la residencia. Considero que el tener que ir a una de ellas no es ni bueno ni malo, todo depende de cómo nos lo tomemos.
Yo lo tengo más que claro. Acabaré mis días, si la propia vida me da esa oportunidad en una de ellas, pero la generación de mis padres no lo tiene tan claro. Al ser la primera con la que se están rompiendo moldes, la primera con la que no se hace como ellos hicieron, les cuesta amoldarse, hacerse a la idea y entender que a veces lo más importante al llegar a la senectud es estar bien cuidado en un lugar determinado que aguantando la cara de vinagre de cuatro nueras para las que llegas a ser un estorbo.
Por mi tierra es el negocio más boyante, todas están a rebosar de yayos y cada día se construyen más.
Ya el problema no es, como antes, el haber tenido hijos o no. Bromeo a menudo con una pareja amiga sin descendencia al comentarles que la única diferencia entre ellos y yo será que ellos irán en taxi, y a mí me llevarán mis hijos en su coche.
Hasta pronto. Nos veremos por allí.

sábado, 6 de octubre de 2007

El gallo viejo

Os cuento una historia que leí hace algún tiempo. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Un granjero sale de compras y regresa con un gallo joven para las gallinas del corral. El gallo joven mira a su alrededor, camina hasta donde está el gallo viejo y le dice:
-Bueno, viejo, llegó la hora de retirarte.
El gallo viejo le dice:
-Vamos, no me digas que tú vas a poder con TODAS estas gallinas.
¡Mírame a mí cómo me han dejado! ¿Por qué no me dejas aunque sea aquellas dos gallinas viejas que están en el rincón?"
Pero el gallo joven le contesta:
-Piérdete, viejo. Tú ya estás acabado y ahora soy yo quien está a cargo.
El gallo viejo le contesta:
-Hagamos una cosa, jovencito. Vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda con el control absoluto del gallinero.
El gallo joven se echa a reír.
-Vamos, viejo, tú sabes muy bien que vas a perder.
Pero para no ser injusto, te voy a dejar que salgas primero.
El gallo viejo arranca a correr.
A los 15 segundos, el gallo joven sale corriendo detrás de él.
Le dan la vuelta al portal de la casa corriendo, y el gallo joven cada vez está más cerca. Ya está a sólo 5 metros detrás del gallo viejo, y cada vez se le acerca más.
Mientras tanto, el granjero, sentado en su sitio de costumbre en el portal, ve a los dos gallos que pasan corriendo.
Agarra la escopeta y - BUM -le dispara al gallo joven y lo hace trizas. El granjero tristemente sacude la cabeza y dice:
-JODER, pero qué suerte la mía..., ¡Es el tercer gallo maricón que compro este mes!
Moraleja de esta historia...
NO TE METAS CON LOS VIEJOS.
La edad y la experiencia pueden ganarle la partida a la juventud.
LAS CANAS SE RESPETAN ...
Por cierto recordad también que la gallina vieja es la que da mejor caldo.
JS