jueves, 12 de diciembre de 2013
Maestros
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Javier
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martes, 12 de abril de 2011
Puzzle educativo
No es la primera vez que trato de comentar aspectos relacionados con mi mundo laboral, trato de haceros llegar otra entrega.
Hoy las parejas acostumbran a tener parentela cuando ya han alcanzado una cierta estabilidad en el trabajo, habiendo ya vivido y revivido la vida, habiéndose ya cansado de viajar, trasnochar y pasárselo bien, y cuando llega la criatura ya tienen una edad considerable, y muy acostumbrados a vivir solos, a su capricho y con una sensibilidad nula hacia sus propios retoños.
Todo tiene su momento, observando a veces los niños con los que me encuentro en los parques cercanos a mi casa hay veces que tengo dificultades para discernir si esa persona que está con ese chaval que intenta montar en bici por vez primera es su padre o es su abuelo.
Se comienza a planificar la vida cuando al bebé ya se le ven las orejillas conllevando con ello graves problemas de organización con la vida laboral y familiar, echando mano casi siempre de los abuelos y abuelas, que cada vez están menos disponibles y más hartos de seguir haciendo de canguros incluso hasta los fines de semana para que los egoístas padres se puedan desestresar. Yo no tuve esa suerte.
El niño o la niña ya por muy deseados son eternamente protegidos, ya que lo perciben como alguien inmaduro, incapaz de poder desarrollarse por sí mismo hasta en los más ínfimos detalles.
Se llegan a preocupar más de forma mecánica de ellos dependiendo demasiado de profesionales que han de solventar a menudo sus problemas y preocupaciones.
Cada vez nos encontramos en nuestras aulas de tres años con más alumnos en tratamiento psicológico y dependientes de profesionales de la psiquiatría que se ven obligados a anular toda inadecuada iniciativa materna y paterna, creándoles todavía más inseguridad.
Todos saben todo acerca de cómo educar a sus hijos, todos leen y releen en la red aspectos relacionados con su educación, su salud y su crianza, y es tan desordenada esta información y provoca tantas dudas que se pone en entredicho a su vez la figura de verdaderos profesionales dentro del campo de la sanidad y de la educación.
Hoy todo el mundo sabe de todo, exige y exagera sus peticiones sin darse cuenta del grave problema que está ocasionando a sus hijos e hijas.
Cada vez se dispone de menos tiempo y cada vez se han de buscar más servicios, actividades extraescolares, salidas de fin de semana y campamentos de verano que conlleva a un desconocimiento de cómo son en realidad sus propios hijos.
Por la circunstancia de la ruptura de la pareja nos encontramos a menudo como a los chavales se les utiliza de moneda de cambio, de triste comodín, por desgracia me voy encontrando con bastantes Herodes acontemporáneos.
Y si a todo lo anteriormente comentado añadimos el problema de la inmigración, donde a veces una de las principales preocupaciones con las que se encuentran es el de la subsistencia, dejando en un rincón muy apartado la educación y la instrucción de sus propios hijos, tenemos en nuestras escuelas ese puzzle perfecto que hace que seamos en muchas ocasiones incapaces de hacerle coincidir todas sus piezas, nuestra labor es cada día más compleja, más difícil, con limitados recursos se pretende que todo funcione como un engranaje perfecto, no sólo instruyendo sino también formando y tratando de subsanar esa pésima educación que en un número incontable de ocasiones se hace presente en sus progenitores.
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martes, abril 12, 2011
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Etiquetas: escuela
domingo, 8 de febrero de 2009
Escuela

Estudié en Escolapios. Quería que mis padres me matricularan en el Instituto Antonio Machado, "el Insti", pero no hubo manera. Eran de los que pensaban que al ser privado y de curas con sotana y fajín estaríamos más controlados, estudiaríamos más, saldríamos mejor formados y llegaríamos más lejos. La experiencia posterior me dice que en una gran mayoría de los casos no depende sólo de la escuela en sí, sino del profe que te toque.
Por entonces la escuela era competitiva, a veces demasiado competitiva, fiel reflejo de la sociedad, ahora la sociedad sigue siendo más competitiva aún, pero la escuela ha cambiado.
En la actualidad con tanta Adaptación Curricular, Atención a la Diversidad, Competencias Básicas, Práctica Reflexiva i tantos Criterios de Evaluación y Nuevas Tecnologías, la cosa si tenemos en cuenta los resultados no funciona.
Recuerdo aquellos corros que hacíamos en clase sobre todo de Lengua donde los que más rendían y los más rápidos ocupaban los primeros puestos, y no veas lo que estudíabamos los demás para no acabar de los cinco últimos, ello llevaba el quedarte castigado sin patio. Las notas al ser numéricas no te llevaban a engaño, un cuatro era un suspenso y un ocho era un notable. Se nos exigía, era la escuela, era la familia y era la sociedad y a pesar de todo nadie hemos quedado marcados con ningún trauma.
Hoy la escuela es un Edén, porque lo quieren los padres y lo quiere la sociedad. Se toman las cosas con tranquilidad, a veces con demasiada tranquilidad, lo que no se aprenda este curso, ya se aprenderá el que viene, que prime la vagancia y la dejadez por encima del esfuerzo y del estudio, la confianza en demasía con respecto al profesor por encima del respeto. y si hablamos de la consideración que le tienen al maestro/a las familias , ya ni os cuento. Todo nuestro trabajo siempre es cuestionado.
Ni tanto como antes, ni tan calvo como ahora.
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domingo, febrero 08, 2009
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martes, 26 de febrero de 2008
Domingo

Odio el domingo. Sobre todo el domingo por la tarde. Ya lo odiaba en la época de estudiante. Me remonto a hace ya, por desgracia muchos años, cuando por una cosa o por otra no llevabas aprendida la lección, preparado el examen o los deberes hechos para el lunes. Y si en alguna asignatura íbamos atavalaos era en matemáticas. No veáis la cantidad de ejercicios que teníamos que hacer. Y llegaba el lunes fatídico, hora de mates, se encargaba un compañero de ir citando nombres de cada uno de nosotros para que el cura nos preguntara. Nunca sentí más deseos de que la tierra se me tragara y a la vez de estrangularlo.
Estudié en Escolapios. En aquella época casi todos mis compañeros eran hijos de papá. Yo era sólamente hijo de padre y madre. No es que me sintiera desplazado, es que a veces ni me encontraba, rodeado de tanto progre. Mi madre nos hacía el bocata con pan de hogaza y no veáis como cantaba la hogaza delante de tanto bocadillito hecho por criada y de barrita fina.
Eran épocas de misa diaria, incluidos los domingos. El domingo en misa de 11,30 subía el padre Juan al púlpito y delante de todos los feligreses pasaba lista antes de comenzarla. Con tanto empacho de misa casi he llegado a aborrecerla. Me pierdo en ocasiones en las que no me puedo escaquear. Es como a ese niño al que obligaron a comer cada día ese puré de verduras y su madre nunca se veía satisfecha, al darle la última cucharada siempre devolvía todo lo engullido. Hoy háblale del puré de verduras.
Tengo muchos recuerdos de aquella época. Unos buenos y otros no tanto. Joer lo que ha cambiado la figura del maestro. Y así nos va.
Ahhh!!, y ahora como castigo por no ser un niño aplicado en su día, cada lunes a las nueve a la escuela....
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Javier
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martes, febrero 26, 2008
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