martes, 10 de enero de 2012

Soledad


Se llamaba Soledad. De niña soñaba como cualquier niña. De más adulta buscaba el amor. Se enamoró de unos labios. Los había visto en una ocasión y no recordaba a quién correspondían. Los estuvo buscando toda su vida. No los encontró.
Pasaron años y años. A cada hombre que encontraba, siempre lo primero que hacía era mirarle sus labios. No, no eran.
Ya en la senectud, un día, los encontró. Eran esos labios soñados, carnosos, apetecibles, rosados, esos labios que había buscado durante más de cuarenta años. Los tenía delante. Le sonreían. Eran los suyos. Lloró.

2 comentarios:

Carlos S. Ginel dijo...

Hace mucho que te sigo, y la verdad es que me encanta tu blog. Ademas te felicito por todo el tiempo que llevas manteniendolo en activo.
Por fin me he animado a hacer yo uno, de manera que me haría ilusión que te pasaras a verlo. http://olympiaconversa.blogspot.com/
un saludo.

Carlos S. Ginel dijo...

Hace bastante tiempo que sigo tu blog (años) y siempre me ha gustado, te felicito por tu talento, y por haberlo mantenido tanto tiempo activo.
Por mi parte por fin me he animado a hacer uno y te agradecería que me dieses tu opinión.