jueves, 11 de septiembre de 2008

Máximo


Creo que me dijo que se llamaba Máximo. Lo encontré sentado en un banco de madera, blanco, ya casi descolorido por el sol, sus patas no se asentaban bien y al movernos para cambiar de posición, bailaba.
Bastó un Hola! para entablar conversación. Máximo es un hombre pequeño, bajito, enjuto, lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, pequeños, pillines que delataban que tras ese cuerpo, ya castigado por los años, antes hubo una persona afable y dicharachera. Se ayuda para caminar de un bastón, también pequeño como él.
Cuando llegué estaba mirando unas macetas perfectamente alineadas, colocadas sobre una pared empedrada. Destacaban el rojo de los geranios y un violeta fuerte de otra planta de la que ignoro su nombre.

Máximo lleva ya bastantes años en esta residencia de ancianos, por no recordar ya ni sabe los años que tiene, - tengo que tener muchos, por lo menos ochenta y dos, aunque ya no sé ni dónde mirarlo, ya no me acuerdo ni dónde he guardado mi carnet, - comenta.
Según entramos en conversación, voy notando que necesitaba hablar con alguien, me va relatando sus cosas, sus chascarrillos. Me habla de Matamala, su pueblo, me dice que vivía solo y que alguien, tampoco recuerda quién, debió de avisar para pedir que lo trajeran aquí.
- No sé porqué, si yo en mi casa estaba tan bien.
Me habla de su juventud, de algo que le pasó hace muchos años y que hizo que su pierna derecha esté siempre recta, derecha, y nunca mejor dicho.
A veces me explica que estuvo casado con una extranjera, otras veces que no.

Me fijo detenidamente en su jersey de lana, hacía bastante calor pero llevaba su jersecillo de color verde, algo ya descolorido y salpicado de pequeños quematones producidos por esa ceniza que imaginé caía de su cigarrillo sin estar apagada del todo.
- ¿Fuma?.
- Me gusta mucho fumar. Yo con un cigarrillo en los labios soy la persona más feliz del mundo.
- Pero el tabaco no es nada bueno, - le replico.
- Y para que quiero yo vivir más, ya no sé lo que hago aquí - me respondió.
Me quedé pensativo, mirándole de soslayo. Continuó diciéndome que antes eran mejores, que te los ponías entre los labios y que si no chupabas, no se consumían, ahora, se gastan solos.
Me habló de sus marcas preferidas, recordó aquel Cuarterón que había que liar a mano, y unos cigarros te quedaban estrechitos y otros demasiado panzudos, dependía del día que tenías.
También me explicó que antes venían sus sobrinos a visitarle y le traían algún paquetillo, pero que ahora como hace mucho que no vienen, lleva ya meses sin fumar, cuanto daría yo por echar un pitillo, - me decía.
Me levanté, me acerqué al coche y del bolso de mi mujer- mi mujer aunque muy poco, fuma- cogí su cajetilla de rubio ya empezado y su mechero y se lo ofrecí.
No podéis imaginar con que brillo me miraron esos ojillos. No recuerdo si me dio las gracias, pero con esa mirada ya fue suficiente. Estaba todo dicho.
Con un ansia que no supo disimular abrió el paquete y se llevó el cigarrillo a los labios, el mechero no quería encender, quizás para darle todavía más solemnidad al instante.
Llevaba razón, los cigarros de ahora se consumen muy rápidos. No se lo apartó de los labios en todo el rato, la ceniza , como había sospechado en un principio, iba cayendo a su jersey y a sus pantalones. Cuando lo acabó, continuó con la colilla entre sus labios, al menos hasta que tuve que marchar.
No habría dado cuatro o cinco pasos y al girarme vi que ya se estaba encendiendo otro con el maldito mechero.

Me di cuenta de lo poco que cuesta hacer feliz a la gente, por eso ahora, cuando voy a la residencia de ancianos- que lo tengo que hacer a menudo- aparto tres euros en el bolsillo derecho de mi pantalón.
Cuando me ve, Máximo se acerca a saludarme, le doy los tres eurillos y poco a poco con su pierna galana y su bastón, comienza a recorrer ese kilómetro que tiene hasta el Royo, el pueblo que está al lado, a comprar su tabaco.

Se lo podría traer yo, pero prefiero contrarrestar lo nocivo del tabaco con lo saludable del que vaya a comprarlo.

14 comentarios:

Fernando Manero dijo...

El sentirse acompañado, un cigarrillo a tiempo, una palabra amable, una caricia en la espalda y una sonrisa: los mejores antídotos contra la soledad en la que están sumidos tantos ancianos de los que pocos se acuerdan. Espléndido relato.

Ligia dijo...

Me ha encantado el relato. Hay mucha gente que necesita de ese poco de cariño que le podemos dar y que nos cuesta tan poco como unas simples palabras de saludo o unas monedas de vez en cuando. Abrazos

Mari Carmen dijo...

Qué hermoso Javier. Esta acción tuya me ha recordado una película que vi ayer: Un verano en la provenza. De cómo ese chico que iba, al principio por obligación, con su furgoneta-tienda, por esos pueblecillos franceses medio abandonados, donde sólo había viejos, empieza a conocerlos y al final, pudiendo dejar de recorrer kilómetros y dedicarse a otra cosa, prefiere seguir porque si no... ¿qué iba a ser de los pobres viejos?

Una entrada preciosa :)

Un abrazo

Cecilia dijo...

Cualquier palabra o signo de amistad será un regalo fantástico para el anciano que soporta a diario la soledad.

angela dijo...

Me encantó tu relato además de auténtico.Javier, es ¡tan triste sentirse al final de nuestras vidas en esa situación...!Pero ya ves, siempre nos sale al camino alguien y en este caso tú, has hecho feliz a ese ancianito que además de hablar, su felicidad era un pitilloy un poco de ternura.Te felicito por ello.Te deseo una estupenda semana.Un saludo Angela.

Anónimo dijo...

En primer lugar perdon por acceder de esta forma a este blog personal. Si no lo crees el sitio oportuno me lo dices y no volvere a insistir.
Veras el tema es que estamos llevando por parte de mucha gente una labor de concienciacion sobre los proyectos que acechan a Numancia y su entorno y tambien para apoyar que sea declarado todo esto Patrimonio de la humanidad.
Te paso un link de la UNED donde podras ver si te interesa un monton de estudios, analisis cartas de Universidades, Institutos etc en contra de estos proyectos, tambien articulos que han salido en prensa estos ultimos meses etc. Es muy completo ya se puede hacer uno una idea de los que quieren hacer.
Tambien puedes entrar en lla pagina de ASDEn, www.asden.org. y ver el video del Soto de Garray donde van a hacer la ciudad del medio ambiente.
Espero que te interese esta lucha y estoy dispuesto si te interesa a ampliar la misma.
Atentamente y muchas gracias/Jose Maria

Anónimo dijo...

perdon que no lo he puesto el link de la UNED es:
http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,1159208&_dad=portal&_schema=PORTAL
Saludos/Jose Maria

Graciela dijo...

Hola querido amigo, no sabes cuanto vivo esto que cuentas, yo soy de profesiòn Podòloga y visito asiduamente estos hogares donde hay Màximos a montones, donde les veo brillar los ojitos al verme llegar, tanta necesidad de cariño ..una palabra...contarles de la familia y ellos enriquecen mis dìas con sus historias de amor, de guerra...en fìn de la vida y cuando salgo no sè como decirte la sensaciòn pero me llena el alma de gozo verlos animarse cuando llego y el cambio tal cual el de Màximo en el paso, la actitud y la mirada al irme, me encantò tu historia pues me vì reflejada en ella, te abrazo muy fuerte.

.:*:.Hada Isol .:*:.¸.¸.•*´¨***¨ dijo...

Hola querido amigo mío,tu post me gustó mucho,es cierto con tan poco se hace feliz a alguien,y además uno se siente bien solo el brillo en los ojos de ese ser nos dá una sensación tan bonita,yo hago costuras de vez en cuando,y lo que cobro lo uso para comprar collares,aritos,lapiz labial y cosas así femeninas,cuando un junto un buen poco me dirijo al hogar de ancianas y se los regalos vieras de felices que se ponen,siento que por un instante son niñas,y eso me hace feliz,siempre me devuelven el cariño con abrazos y anecdotas,esas tardes para mi son geniales,llevo conmigo a mis hijos para que aprendan a ser solidarios,y ellos están felices imaginalos rodeados de abuelas,cuando hacemos algo por alguien creo que el beneficio mayor es nuestro,gracias por compartir esta experiencia tuya,un abrazo y buen día!

mi despertar dijo...

El texto increible, mee voy pero vuelvo

Fugaz dijo...

A veces, compartir unas palabras, una sonrisa, un gesto amable nos parece que no es nada y sin embargo quien lo recibe puede que lo sienta como algo grande y hermoso.

Un relato genial, me ha gustado muchísimo.

luna dijo...

que bueno, me ha encantado tu relato!!ojalá muchos viejecillos, de los que están sentados solos en los bancos de los parques, se encuentren con gente como tú, que les brinde el placer de conversar, y si se tercia, un cigarrito!!!
saludos

María del Carmen dijo...

lA SOLEDAD IMPUESTA , SOBRE TODO A LSO ANCIANOS ES CRUEL.
aCERCARSE , HABALR CON ELLOS, UNA SONRISA, UAN PALABRA... O UN ALGO ES TODO ... PARA ELLOS Y PARA UNO ALCANCÍA PARA EL SER...


MUY BUEN POST

LE INVITO AVISITAR Y A RETIRAR LOS PREMIOS QUE EH DEJADO EN MSI BLOGS
IR A

WWW.CUERPOSANOALAMCALMA.BLOGSPOT.COM

Y DE AHÍ ALOS OTROS
SALUDO AGRADECIDA Y DEJO MI PAZ MARY CARMEN

DianNa_ dijo...

Que pena que apartemos a los mayores de nuestra perfecta sociedad, vamos degenerando y quién sabe cuántos de nosotros acabaremos así y ahora estamos a tiempo de cambiar cosas para que eso no ocurra.

Besos, niño