domingo, 17 de enero de 2010

Espejito, espejito...


Según me ha comentado el gran espejo del comedor de mi casa, recientemente se ha celebrado una gran reunión en Atenas, con la presencia de todos los espejos del mundo, que aunque no os hayáis dado cuenta han estado unos días fuera de vuestras casas.

Ha venido cansado de tanto ajetreo, pero enriquecido por el encuentro. Allá, todos han mostrado sus experiencias y sus vivencias. Han comentado ese día a día cansino, mudo e impertérrito.

Los había de diferentes tamaños y formas, desde aquellos que ocupan unas paredes de medidas descomunales a otros, los pobres, que están siempre revueltos entre los cachivaches, allá, en lo más recóndito de ese bolso desordenado de cada mujer.

El espejo del Vaticano todavía no daba crédito a la imagen del Papa rezando y rezando ante él, pidiendo por los damnificados por el reciente seismo de Haití. Rezaba y rezaba, pero no hacía otra cosa. Mientras la gente en Puerto Principe se mataba por una botellita de agua.

Otros, los espejos de los Presidentes de los diferentes gobiernos del mundo alucinaban viendo como se acicalaban delante de ellos, unos, ajustándose bien sus corbatas, otras, embadurnándose con sus mejores potingues, eso sí, con muchas prisas porque se les escapaba ese avión que les conducirá a hacerse esa foto de rigor en ese país, donde prefieren un corrusco de pan antes que un mencionado avión abarrotado con todos ellos.

Los de los remposambles políticos sorianos estaban más contentos que de costumbre con la reciente inaguración de esos kilómetros de autovía entre Soria y Almazán, aunque a los pocos días ya haya habido problemas con el firme, la verdad es que se conforman con poco.

El de Belén Esteban todavía no ha vuelto en sí, se encuentra mal, asustado ante el cambio experimentado por la susodicha.

Como el de Belén, son muchos los que están en tratamiento psicológico porque todavía no asimilan los cambios que se han producido en aquellos y aquellas que diariamente se están observando en ellos.

Por cierto se ha recriminado la actitud de muchos de ellos que lo único que hacen es dar la razón a aquellas que se miran en ellos, las contemplan, las observan y siempre les dicen lo bonitas y lo delgadas que están, una vez que ya han apagado la luz, cuando ya no pueden oírles esgrimen una sonrisa. Prefieren eso a verse hechos añicos.

Ah, otro día te contaré lo que me han comentado que dijo el muy hipócrita del espejo del lavabo de tu casa.

7 comentarios:

Quidquid dijo...

Hola Javier:
Esos espejos nos dicen tantas cosas, que muchos no quieren ver...
Son unos malditos chivatos!
Apagamos rápidamente la luz, y así no vemos todas esas cosas tan "feas"
Saludos,
Luis

Ligia dijo...

Los espejos son muy indiscretos, y si son de aumento, peor, se te ve hasta el carnet de identidad. Abrazos

angela dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Javier,los espejos no les dicen a voces lo hipócritas que son algunos , los superfluos que son otros y lo mentirosos que hay muchos ... Espero tu siguiente entrada porque esta me encantó.Que tengas una estupenda semana.Un abrazo..

Fugaz dijo...

Mis espejos se callaron hace tiempo, les dije que eso es lo que hay y punto en boca.... jajajajaja los dejé, hablando en plata "acojonaos" y no se atreven a decirme ni mú. Eso sí me veo maravillosa, hermosa, guapa, super fashion y divina de la muerte, y a ver quien dice lo contrario.

Pero hay que saber verse y aceptarse, ahí creo que está el mal de muchos de esos que viven más de cara a los demás que no a su propio interior. Es una pena.

Un abrazo!

Sandra y Pedro dijo...

Hola Javier, me ha gustado mucho tu entrada.
Los espejos siempre reflejan la verdad, por mucho que intentemos ocultarla. Yo Por eso en casa solo tengo uno, el del cuarto de baño, y por que no me queda más remedio que sino cada día saldría a la calle con unos pelos de loca, que aunque ese es mi estado normal, prefiero disfrazarlo un poco.
Hasta pronto.

Toni dijo...

Hola Javier

Tras una larga temporada ausente de comentarios en tu blog, aqui estoy de nuevo. Pero no creas que todo este tiempo no te he leído porque sí que lo he hecho y hubiera comentado muchas cosas si hubiera tenido tiempo.

En el comentario de hoy estoy muy de acuerdo contigo. Los espejos son esa dura realidad que muchas veces no queremos ver pero que está ahí. Además siempre son elemento de adorno en la decoración, y no nos damos cuenta de que es un adorno cruel.

Aun así los seguimos queriendo porque yo creo que son de los pocos que nos dicen la verdad.

Un saludo

Toni

Anónimo dijo...

Para mí los espejos son imprescindibles a pesar que determinados días parece que me tienen manía y no me dicen lo guapa y escultural que soy.
Me ha encantado tu entrada, me ha hecho raeflexionar.

J.M.