miércoles, 8 de septiembre de 2010

Peluqueros


Reconozco que a lo largo de mi vida he tenido mala suerte con mis peluqueros. Ya de muy joven acudía a una peluquería en el centro de la ciudad en la que dos barberos arreglaban al personal. Ninguno de ellos jamás destacó por su grado de simpatía. El primero con sus largos bigotes negros era muy serio, casi imposible el mantener una conversación, se limitaba a mirarte y preguntar cómo lo quieres y poco más. El otro dependía del día, normalmente con despotricar del jefe ya tenía suficiente. Difícil era el encontrar un hilo conductor que mantuviera entretenido el momento. La cosa, es que no te lo dejaban mal, pero salías de allí con la sensación de haber perdido el rato.
Actualmente, cuando me tengo que cortar las greñas, sigo teniendo el mismo problema, voy a una peluquería de Soria, frecuentada también por dos personas, una un muro, el otro más joven lo supera, vaya careto, parece que le debes y no le pagas, da la sensación que le importunas, se lía a darle a la máquina o a la tijera y mutis, de vez en cuando y al primero que llega le salta eso de "aquí no se guarda vez, si quieres te esperas"… . Cómo estará el tema de la peluquería en Soria que a pesar de toda esa antipatía tienen el establecimiento siempre lleno.

Echo de menos a esos peluqueros, que son más que psicólogos, que son capaces de adaptarse a cada cliente, que son además de competentes, diestros a la hora de entablar esa conversación que hace que se te pase el ratillo de lo más entretenido, que no tienen nunca prisa, bueno, que llegara incluso el momento de dejar pasar, si cabe, al que tienes detrás por aguantar un ratito más esa conversación que por intrascendente no deja de ser de lo más entretenida.

Por cierto, la foto la hice este verano en Almazán, ignoro si el peluquero que la frecuenta es de los reales o de los deseados.

6 comentarios:

derechofamilia-páginas libres dijo...

Hola querido Javier,
Tu entrada me recordó a mi padre que decía voy a la barbería, y es que antes rasuraban la barba, y también cortaban el cabello.
De la peluquería que comentas ¿ tiene el nombre JESÚS ?,ese es el nombre del dueño supongo, ya que los que atienden por su carácter poco amigable, deben tener unos horribles nombres,jajaja.

Te comento que estuve de vacaciones y no lleve mi laptop, pero antes dejé premios para mis blogs preferidos y entre ellos estas tu, espero que pases por ahí para recogerlo, te lo entrego con mucho cariño y espero verlo colgado en tu lindo blog, si te parece bien.

Con cariño desde San Isidro.-Perú

María del Carmen

Ligia dijo...

Para mí la peluquería es un sacrificio. O te encuentras del tipo que has descrito, o todo lo contrario, que se pasan de confianza y eso tampoco me gusta. Abrazos

Luis dijo...

Hola Javier:
Yo tengo un barbero que aparte de tomarme el pelo, me cuesta dinero...
Pero lo mejor: "Las tertulias barberiles", no dejamos títere con cabeza: futboleros, políticos, curas...y otros temas que no podemos hablar en casa... se comentan a tope!
Cordiales saludos,
Luis

angela dijo...

Javier, yo tambien soy de las que creo que el ir a la peluquería además de aburrirme mucho, pienso que pierdo el tiempo sin hacer nada que me agrade... Voy muy poco y casi siempre cuando tengo necesidad...No son mis lugares preferidos... Prefiero una buena pastalería para comerme un sobroso pastel....o tomarme u chocolate...Que tenagas una estupenda semana.Un abrazo y volvemos a la rutina

Alimontero dijo...

Querido Javier, justamente mi marido me comentaba el viernes que su peluquero era profesor, y que su tiempo libre lo ocupaba en cortar el pelo a las personas... tenía dos hijos universitarios y que se sentía afortunado por eso mismo... y en fín... filosofaba de la vida junto al cliente....lo conducía por una via grata, divertida, hacia de ese momento un placer... creo que ES un gran sicólogo!
Carlos, mi marido, llega feliz y muy buen mozo, jajajaja!
Claro que te queda un tanto lejano.... lo siento! ;-)

Te he extrañado Soria casi verde...

Ali

Lima dijo...

Decía mi abuela un refran muy propio para el caso:
"el que no sepa sonreir no debe abrir tienda"
Yo tambien tuve mala suerte con mis peluqueros y además ese olor a colonia barata me provocaba arcadas, asi que dejé de ir. No me preguntes como hago: un soriano tiene salidas pa todo.